Vida en Israel
Judíos y "árabes israelíes". Ley, política, economía

1. Ley y discriminación en Israel. Religión, nacionalidad, demografía

De los palestinos residentes en el territorio que actualmente es Israel, la mayor parte (véase Los prófugos de 1948 y 1967. Un problema irresuelto) fueron expulsados y devinieron prófugos, mientras que sólo 150.000 aproximadamente, es decir, el 10%, lograron permanecer en el nuevo Estado (donde son indicados con el término algo diminutivo y por algunos sentido como ofensivo de "árabes israelíes", como si se estuviese confirmando la vieja teoría de que "los palestinos no existen" y que en Palestina, "tierra sin pueblo", en 1948 se encontraban de paso sólo árabes de regiones vecinas).

Actualmente, a causa del crecimiento demográfico natural, respecto de un total de 6,9 millones de habitantes de Israel (datos de 2005), los "árabes israelíes" constituyen casi el 20% de la población, es decir, son casi 1,3 millones, de los cuales el 82% son musulmanes, el 9% son cristianos y el 9% son drusos. Viven sobre todo en aldeas y pequeñas ciudades de Galilea y Negev. De la población restante, 5,2 millones (76,2%) son judíos de diversa proveniencia: ashkenazitas, sefarditas y mizrahíes, rusos, etíopes. Hay también alrededor de 350.000 inmigrados de varios países africanos y asiáticos. Entre las diversas poblaciones y subpoblaciones hay diferencias, en algunos casos notables, respecto de las condiciones económicas y la situación ante la ley. Los palestinos que permanecieron en Israel vivieron bajo un régimen militar rígido hasta 1966, el cual les imponía confiscaciones de tierra, traslados, prohibiciones de movimiento (recuérdese la masacre de un grupo de campesinos que regresaban de los campos en 1957, mientras ignoraban que se había ordenado imprevistamente un toque de queda) y no les atribuía ningún derecho político (véase la sección 4 de Badil-Cohere 2005, en La ley militar en los Territorios Ocupados. La confiscación de la tierra. La colonización).

El Estado israelí se define a sí mismo como "Estado judío" (véase la Declaración de la Independencia, suscrita el 14 de mayo de 1948). No obstante ello, se proclama también "única democracia de Medio Oriente" (a pesar de que no tenga una Constitución orgánica, sino sólo un conjunto de leyes - Basic Laws - que no consideran a los ciudadanos iguales de manera unívoca). Para ser "judío" y, al mismo tiempo, "democrático", es decir, gobernado por la mayoría de sus ciudadanos, Israel debe impedir que los árabes devengan la mayoría. De esta preocupación demográfica derivan muchos de sus comportamientos discriminatorios, ante todo la expulsión de los árabes de sus tierras, que todavía se practica de maneras distintas (por ejemplo, la ley que impide a los no judíos adquirir terrenos, la ley contra el reagrupamiento familiar, etc.). Así, dentro de Israel se pueden encontrar muchos casos de discriminación por causas religiosas y "étnicas": como se dijo, en la mira, sobre todo, están los "árabes israelíes" (para los cuales se creó un Centro legal para la defensa y la denuncia contra las violaciones a los derechos humanos, Adalah), pero también los judíos provenientes de los países árabes (Mizrahíes), que para ser aceptados por la dirigencia ashkenazita deben renunciar a su idioma materno y su cultura árabe originaria. Tradicionalmente, los Mizrahíes son vinculados a partidos religiosos de derecha, tanto por razones religiosas como por la asistencia económica que éstos les brindan, pero últimamente comenzaron a sentirse cercanos a los palestinos, en cuanto tienen problemas comunes.

2. La sociedad israelí y los palestinos. Partidos, sindicatos, grupos pacifistas

En el parlamento israelí (Knesset) están presentes los partidos de la mayoría judía -desde los religiosos y de extrema derecha (como Shaas, Molodot y el partido de los inmigrados rusos, Israel Beitenu, dirigido por Avigdor Liberman), los de centro-derecha, como el Likud, el Kadima (nacido de la escisión del Likud) y el Shinui, hasta el partido laborista y el Meretz (izquierda sionista)- y también partidos árabes que, sin embargo, a menudo deben luchar contra las capciosidades burocráticas de quienes intentan obstaculizar su participación en la vida política. Hay también partidos islamistas, que generalmente llaman a no participar en las elecciones. Existe un pequeño partido comunista (Hadash), en el que militan juntos árabes y judíos, que sostienen la solución de dos Estados. Uno de los líderes árabo-israelíes más activos, conocido también por sus artículos de comentario político, es Azmi Bishara, que dirige el partido antisionista Balad y desea para Israel un "Estado democrático único". En los últimos años, los intelectuales israelíes manifestaron un interés renovado por este tema (véase El "único Estado" democrático). En abril de 2007, después de haber sufrido muchas amenazas y presiones políticas, además de haber sido investigado por sus viajes a países árabes que Israel considera enemigos, Azmi Bishara renunció a su cargo de diputado del Knesset y decidió vivir fuera de Israel hasta que la situación no se aclare (véase Israel después de Sharon).

En 2005, la elección de un hombre insólito, Amir Peretz, como jefe del partido laborista, que se encontraba en crisis por su política de alianza con la derecha de su líder histórico, Shimon Peres, suscitó esperanza entre los pacifistas israelíes. Sindicalista, perteneciente a la minoría judía mizrahí, Peretz parecía estar más interesado que sus predecesores en los problemas sociales y la paz. Pero su entrada al gobierno y su actividad como ministro de defensa en la guerra del Líbano de agosto de 2006, decepcionaron las expectativas.

En Israel existen diversos grupos pacifistas democráticos, muy débiles numéricamente pero que tienen gran importancia por sus posiciones políticas y sus actividades de sustentación de las luchas palestinas. En particular, se debe recordar al movimiento de los Refusnik, que rechazan por razones éticas hacer el servicio militar en los territorios ocupados (véase Los pacifistas y la lucha no violenta).

El sindicato israelí Histadrut tiene una larga historia, a menudo contradictoria y a veces ambigua en sus relaciones con los trabajadores palestinos (véase aquí el ensayo de Leonardi, y además el informe Separate and unequal, en Relaciones difíciles y primeros enfrentamientos entre sionistas y población local).

3. La economía en Israel. Las condiciones económicas y sociales de los varios grupos étnicos

Sobre todo en los últimos treinta años, Israel recibió continuamente financiamientos muy relevantes de Estados Unidos (véase Kolko 2007, en Palestina, Estado de Israel y el Mundo). No obstante ello, la economía israelí, condicionada por los enormes gastos efectuados a fines militares y para subvencionar la colonización (los colonos son incentivados con facilitaciones fiscales y económicas de diverso tipo), reserva escasos recursos a las necesidades sociales de la población más pobre. En particular, las ciudades y aldeas habitadas por árabes israelíes presentan a menudo insuficiencias graves en las infraestructuras higiénicas y sanitarias, en los servicios escolares, etc. Estas condiciones son todavía peores en las llamadas aldeas "no reconocidas", donde viven los beduinos (población un tiempo nómada, aproximadamente el 13% de la población árabe), que incluso tienen algunos "privilegios" respecto de otros árabes israelíes: a menudo hacen el servicio militar, obteniendo las ventajas que ello implica. También los drusos, alrededor de 70 u 80.000, normalmente bien integrados en la sociedad israelí, hacen el servicio militar. Actualmente, altos niveles de desocupación y pobreza afectan al 50%, aproximadamente, de la población árabe, pero también al 20% de la población judía, especialmente a los mizrahíes o "judíos orientales", provenientes de los países árabes. Las necesidades sanitarias de la población más indigente -como los palestinos de los territorios ocupados- son acudidas, cuando es posible, por la asociación de los Médicos por los derechos humanos (Physicians for Human Rights), que denuncia también legalmente las situaciones de injusticia y sufrimiento a fin de combatir sus causas.